Titiriteros

A decir de la historiografía, Millán Astray, fundador de la Legión, era el único fascista que se le subía a la chepa al Caudillo. Parece, incluso, que en alguna ocasión llegó a soltarle una colleja en público, al grito de “¡Muera la cultura!”, gruñido que los presentes, incluido Franco, corearon con un “¡Muera!”. De aquellos polvos, estos lodos.

Ismael Moreno Chamarro, el juez titular del Juzgado Central de Instrucción de la Audiencia Nacional que ha decretado el ingreso en prisión de los titiriteros, fue inspector de segunda del Cuerpo Superior de Policía durante la etapa final de la dictadura. En 1983, falseó las pruebas que llevaron a un hombre con discapacidad mental a ser condenado a doce años de cárcel por intento de homicidio. Canela en rama en los tribunales de excepción.

A finales de 2015, se representó la obra “Trágala, trágala” en el teatro Apolo de Madrid, donde el público voluntario podía salir al escenario a fusilar a un imaginario Artur Más, entonces presidente de la Generalitat de Catalunya. Según la crítica literaria del Régimen, se trataba de “una comedia transgresora sobre la realidad histórica de España”. La hipocresía habitual.

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Dejad en paz a “Títeres desde Abajo”.

Dejad en paz a “La bruja y Don Cristobal”.

Dejad en paz a “Charlie Hebdo”.

Dejadnos en paz, hatajo de inquisidores.

 

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