• Queremos experimentos (y un centro sociocultural autogestionado)

Queremos experimentos (y un centro sociocultural autogestionado)

La ciudad ha sido desde siempre un espacio de convivencia e intercambio que permitía catalizar los procesos de innovación social, económica y tecnológica que llamábamos progreso.Sin embargo en las última décadas hemos visto como la ciudad perdía gran parte de ese potencial. La actividad productiva y creativa era desalojada en favor de los polígonos industriales, la actividad comercial dirigida hacia centros comerciales lejos del centro y el desarrollo urbanístico susitituido por una especulación basada principalmente en la construcción de ciudades dormitorio en terrenos recalificados.
Patio Maravillas, Madrid

Patio Maravillas, Madrid

Es por eso que resulta tan importante ante este panorama que existan proyectos como La Casa Invisible de Málaga, o el Patio Maravillas en Madrid, dos proyectos culturales de gran respaldo social que están luchando por no desaparecer, Tabacalera también en Madrid, os Calafou en Barcelona, Astra en Guernika, el Ateneu Candela en Terrassa, por citar sólo algunos de los más conocidos. Estos espacios han acogido y favorecido la experimentación organizativa, el desarrollo de la cultura libre, la investigación estética, la exploración de nuevos lenguajes e imaginarios y han facilitado la articulación de movimientos sociales y nuevas prácticas culturales.

En Pamplona, el Gaztetxe que funcionó en el antiguo Euskal Jai durante diez años antes de ser desalojado y derribado en 2004, ofreció a los vecinos y vecinas de Pamplona, especialmente a los jóvenes, un lugar de encuentro al margen del poder político y económico, y lejos de la cultura-mercancía, señalando cuestiones políticas de primer orden como la defensa del medioambiente, el feminismo, el antimilitarismo, la cooperación…

Euskal Jai, Pamplona, 2003

Euskal Jai, Pamplona, 2003

Aunque muchas veces se empleaba un lenguaje poco comprensible de puertas hacia afuera, propio de militantes, que favoreció la imagen cliché de la litrona y los porros, que acompañaba al movimiento ‘okupa’, éstos fueron los primeros en señalar el papel de la ciudad como un bien público detonador del talento ciudadano, en pensar en lugares que planteasen retos, que nos provocasen a generar acciones creativas, a buscar ideas que no fueran fijas sino que abriesen siempre espacios de posibilidad.

Pero como una manifestación más de nuestra carencia de tradición democrática y de la honda raigambre autoritaria de la política institucional, no terminamos de aceptar la legitimidad de estas experiencias políticas, sociales y culturales que surgen desde abajo y desde afuera de los canales oficiales.

La metáfora de la ciudad como laboratorio nos sirve no sólo por el componente de experimentación urbana y cultural que incorpora, sino porque nos permite plantear nuevas preguntas. Si la ciudad se convierte en un laboratorio: ¿Sobre qué va a investigar e innovar? ¿Quién lo va a hacer? ¿Y quién lo va a decidir? ¿Será una red de laboratorios o se apostará de nuevo por una gran instalación laboratorio?

Más allá de la promoción de las industrias creativas, la creatividad urbana que buscamos tiene que ver con formas diferentes e ingeniosas de intervenir, leer, navegar, hacer y vivir la ciudad. Debe promover la activación y ocupación de espacios subutilizados; privilegiar la pequeña escala, lo cercano, lo espontáneo; retar el entendimiento tradicional acerca del espacio público a través de nuevos formatos de encuentro y participación.

Es por ello que necesitamos abordar la recuperación de espacios urbanos en los cuales los ciudadanos desarrollen de manera autogestionada proyectos socioculturales orientados a dar soluciones a problemas de la comunidad (medialabs, hacklabs, fablabs, etc) espacios de investigación y experimentación donde se generen ideas, incuben proyectos piloto y sean espacio de encuentro multidisciplinar y multigeneracional en torno a la innovación y la creatividad en la ciudad. Espacios donde se apueste por la colaboración y se planteen fórmulas para acabar con la especulación inmobiliaria, la precariedad laboral y la exclusión.

El gobierno municipal debe ser catalizador de posibilidades, y su trabajo, generar plataformas sólidas que atiendan a una ciudadanía propositiva, que no sólo opina, sino que participa activamente en el desarrollo de soluciones, favoreciendo la creación de una red de centros sociales autogestionados donde tengan lugar intercambios libres y aprendizajes comunes que fortalezcan la cultura y faciliten su circulación. El nodo central de dicha red sería un Centro Socio-cultural autogestionado en el Casco viejo ubicado en alguno de los espacios vacíos de titularidad municipal.

Necesitamos además una serie de reformas y políticas públicas que, desde una Agencia municipal de cultura libre cuya creación proponemos, fomenten la libre creación y circulación de obras actuales, el desarrollo de tecnologías e infraestructuras libres (software libre, wifi abierto, copyleft, etc.) la apertura de datos y la transparencia, y que en lugar de hacer énfasis en la empresarialización y la propiedad intelectual, permitan generar herramientas para una cultura democrática.

Nos gustaría que dentro de unos años se recuerde que todo comenzó como una invitación, una idea: crear un pequeño laboratorio público para una gran ciudad. Queremos un centro sociocultural autogestionado. Queremos experimentos.

Candidatura Ciudadana Aranzadi

Un proyecto de ruptura democrática para recuperar Pamplona para la ciudadanía

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