NO VOY A BORRAR MIS TWITS

Ni soy tan famoso como Guillermo Zapata ni Pamplona es Mandril, pero reconozco que estuve ayer revisando mis twits. Y que borré alguno faltón, del que no me sentía especialmente orgulloso: criticaba ácidamente el “affaire” de la privatización de las cocinas del hospital. Mierda, cocinas, Barcina… se pueden imaginar ustedes el resto del comentario. La verdad es que lo he borrado pensando en mi madre: me sigue por twitter y sé que no le gustaría leerlo.

Luego estuve a punto de eliminar uno en que me metía con la clase política navarra y la desfachatez de las dietas de la CAN. Después pasé el puntero sobre otro en el que criticaba (quizá en un tono demasiado agrio) a Roberto Jiménez y el eterno retorno de su “Agostazo”.

Así hasta que me vi a punto de quitar un vacile sobre los escraches. En Pamplona, junto con varias mujeres a punto de ser desahuciadas, fuimos a hablar tranquilamente con el Sr. Lapazarán (PP) a un bar donde daba una charla. Nada del otro mundo. Por ahí andará en youtube, para quien quiera buscarlo. A pesar de la cara de susto que puso al escuchar a aquellas mujeres sin pelos en la lengua, Lapazarán declaró que habíamos sido “muy amables”.

Y justo en ese momento en que estuve a punto de suprimir varias bromas en mi cuenta en torno a ese escrache, el PP y el mal rato que pasaría el pobre José Cruz, pensé que no merecía la pena quitar ninguno más. Si alguien es capaz de leerse los tropecientosmil que escribió Zapata, sería perfectamente capaz de pagar a alguien para que investigue nuestro pasado. No es tan difícil.

Ocultar nuestra historia es justo lo que quieren que hagamos: en cualquiera de las candidaturas ciudadanas que se han presentado en mayo y que han logrado representación, va a haber activistas que han hecho pequeños o grandes gestos de desobediencia, o gente anónima que hace cuatro años se dedicaba a hacer chistes malos sobre algún político, sin sospechar que más adelante podría ser concejal o diputado.

Quizá no seamos la hostia de revolucionarios, pero somos justo eso que se intuye: esa mezcla de pequeñas desobediencias, desde la PAH hasta los bizipiketes, pasando por alguna mani convocada sin permiso o el propio 15M. Nacemos del hartazgo: desconfiamos de la política como forma de ganarse la vida “ad eternum”. Somos esa gente indignada porque gana mil euros mientras que a un puñado de privilegiados les llevan el desayuno a las reuniones.

Así que, si algún periodista del “Rotativo de Cordovilla” quiere ponerse a indagar sobre las veces que me he saltado la ley (poquicas y sin demasiados riesgos, la verdad), las que me han multado en una mani, las que he hecho un comentario jocoso sobre Barcina, o las que le he chiflado al rey (a mucha honra y bien a gusto que me quedé, la verdad); pues creo que se lo voy a poner fácil.

Porque no, no voy a deshacerme de ese twit agrio donde criticaba a los que viven del “Corralito Foral”. Ni tampoco me voy a retractar de cuando llamé criminales a los que se inventaron las cuchillas de la valla de Melilla. Ni voy a esconder los comentarios en los que me quejaba de la detención de chavales y chavalas cuyo único delito es hacer política. Ni, por supuesto, quiero que desaparezcan los que señalaban la responsabilidad de los banqueros en los suicidios relacionados con los desahucios.

Si borramos ese pasado, borramos justo nuestra identidad, lo que nos ha traído hasta aquí. Borramos lo que ha hecho que mucha gente decidiera votarnos. Nos quieren homologables a cualquier partido al uso y les gustaría que estuviéramos promoviendo “el cambio tranquilo” y la “oposición responsable”. Pero no vamos a marcharnos: es la hora de la gente común y hemos venido para cambiarlo todo.

Armando Cuenca Pina

Candidatura Ciudadana Aranzadi

Un proyecto de ruptura democrática para recuperar Pamplona para la ciudadanía

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